Cuando una frase cala en profundidad, es como un azote constante, que resurge, cual ave fénix, las veces que sea menester, para indicarnos que la elección que tomamos o que dejamos de tomar, se tornó equivocada y no podemos escapar de sus consecuencias.
(inciso: el autoengaño siempre es una opción plausible en estos casos, pero nada recomendable para la salubridad espiritual.)
Nietzsche, pensó hace alrededor de 125 años, en una sociedad muy diferente a la actual, en la que el acceso a la propiedad y los bienes, estaba mucho-superlativo más restringida para el “gran público”, lo siguiente: …Sólo hasta un cierto grado la propiedad hace al hombre más independiente y libre; pero en un grado más la propiedad se convierte en amo y el propietario en esclavo….
Esta idea es ilógica desde el punto de vista occidental y sin embargo encierra una verdad tan demoledora como reveladora.
Ciertamente, la imposibilidad de adquirir una propiedad por parte de un ciudadano de a pie, hace por exclusión matemática, que la mayoría de estas propiedades se concentren en unas pocas manos, lo cual es malo para la sociedad y especialmente para el ciudadano, es el caso típico de ciertos países centro y latino americanos.
Cuando ocurre todo lo contrario, la situación mejora exponencialmente, pero es acá cuando Nietzsche nos avisa de que por encima del ansia de “tener” se encuentra el placer de vivir.
Dentro de otros 100 años tanto Nietzsche, como mi vecino que estuvo pagando 3 hipotecas: la de su casa habitual, la de su casa de verano y la del cortijo con piscina, haciendo para ello horas extras y sufriendo de un estrés que le causó una terrible úlcera de estómago, como yo que pude adquirir una vivienda que pagué en 5 años, lo cual me permitió poder ir optando a mejores o más satisfactorios trabajos, puesto que no tenía una obligación de pago y realizar una ingente cantidad de viajes, en los que descubrí maravillosas culturas que cambiaron mi percepción de la vida y me hicieron crecer como se humano, bien, pues como digo, los tres vamos a parecernos como goticas de agua.
La meta es la misma, pero la forma de llegar puede ser agradable, satisfactoria-superlativa o propia de un cuento opresivo y diabólico.
La propiedad siempre estuvo y seguramente estará vinculada al Poder y por tanto, la consecución de la misma fue y seguramente será costosa y ardua, por ello, alabando la bendición de poder tener un lugar donde descansar los huesos, la dificultad de que la tibia descanse en un lugar y el peroné en otro puede convertirse en una trampa vital de la que no podamos escapar.
No quería ser tan explicito, pero evidentemente los monstruosos préstamos hipotecarios, están haciendo en muchos casos, que nuestra capacidad de elección se vea muy menguada y la libertad de poder seleccionar y realizar lo que uno quiere y no lo que uno puede, está en el orden del día. Y estas dos situaciones antagónicas son como la noche y el día.
El que más tiene puede ser el más feliz, pero puede que no lo sea; las matemáticas en el espíritu humano pueden parecer lógicas, pero encierran un tesoro de incertidumbre aventuresca.
Aprendamos de los sabios del pasado y pensemos que en esencia las cosas no cambian sustancialmente, sólo mutan sus formas.
Leyamos entre líneas y no nos convirtamos en esclavos con amo invisible.
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martes, 17 de febrero de 2009
jueves, 29 de enero de 2009
Fragmento
Piedras afiladas reciben el trote del salvaje caballo
Ahogado por el aire contaminado de una ciudad sin corazón
Altanero suburbio de cuatreros desmembrados
Subyugados por el relinchar libertario de un espíritu libre.
Un lodo y una charca, hogar de niños desnudos
La sangre azul de la lucha de la supervivencia
Famélicos sueños de un despertar roto
Tiranos deseos de una esperanza desgarrada.
Deja una huella de herida en su trote gallardo
La sombra de su locura se escurre entre tinieblas
Ávido de coronar la cima inexpugnable
Rumbo al país del precipicio sempiterno
El cielo enrojece furor de titanes
una celebración estéril
le tiemblan las patas
fin del viaje
abajo el telón
Ahogado por el aire contaminado de una ciudad sin corazón
Altanero suburbio de cuatreros desmembrados
Subyugados por el relinchar libertario de un espíritu libre.
Un lodo y una charca, hogar de niños desnudos
La sangre azul de la lucha de la supervivencia
Famélicos sueños de un despertar roto
Tiranos deseos de una esperanza desgarrada.
Deja una huella de herida en su trote gallardo
La sombra de su locura se escurre entre tinieblas
Ávido de coronar la cima inexpugnable
Rumbo al país del precipicio sempiterno
El cielo enrojece furor de titanes
una celebración estéril
le tiemblan las patas
fin del viaje
abajo el telón
miércoles, 17 de diciembre de 2008
España no es país para viejos
Estoy retomando mis clases de inglés, porque veo mi futuro bastante alejado de mi Almería natal. Es la primera vez en mi vida, que noto un aire enrarecido en todos los factores claves para el equilibrio de una colectividad.
Siempre he escuchado una frase durante toda mi vida, que ha desaparecido del populacho corrillero, desde hace un tiempo prudencial: …”Como en España no se vive en ningún sitio”…y no se escucha, por que no se dice, por que no se siente.
Si nos retrotraemos 10 años en el tiempo y nos hacemos la pregunta clarividente, obtendremos una respuesta meridiana: ¿Se vive mejor en la España actual o en la España de mediados de los 90?
Silencio.
Quien calla otorga, pues se dan a mi entender tres causantes fatídicos para la hemorragia del herido: en primer lugar, la capacidad de decisión del individuo se ha visto fuertemente menguada, existen cada vez menos espacios en los que podamos elegir entre diferentes opciones sin quebrantar esta u otra ley.
Segundo, la jurisprudencia está tomando unos caminos muy nocivos para la seguridad del ciudadano, la fragilidad de nuestro sistema penal nos sitúa en el punto de mira de bandas organizadas, estafadores, ladrones y ladronzuelos; puesto que la ley del menor está a dos aguas entre la ineficiencia y la ineficacia.
Y tercero, y bajo mi punto de vista, lo más preocupante y menos corregible, se han perdido una serie de valores básicos para la convivencia pacífica entre seres humanos; dígase, respeto por la persona, capacidad de escucha hacia otras formas de pensar, hospitalidad, solidaridad, y un largo etcétera, que difícilmente es recuperable en adolescentes que están concibiéndose como los hombres y mujeres de la futura España.
No quiero entrar en porqué se están produciendo estos acontecimientos, pero la mutación es un hecho de difícil retroceso.
No debemos de mirar hacia otros países que se encuentran peor que nosotros que los hay y en gran número, sino en los que aún mantienen una clase política amante de sus conciudadanos, ya que sin atender al color político, la demagogia de nuestros representantes está condenando como a un reo, a un país que siempre se caracterizó por la calidad de vida de sus miembros, con independencia de su capacidad económica.
Así que yo voy a seguir con mis clases anglosajonas, que en el extranjero el inglés es el que manda y contra más viejo, más sabio pero menos neuronas.
Siempre he escuchado una frase durante toda mi vida, que ha desaparecido del populacho corrillero, desde hace un tiempo prudencial: …”Como en España no se vive en ningún sitio”…y no se escucha, por que no se dice, por que no se siente.
Si nos retrotraemos 10 años en el tiempo y nos hacemos la pregunta clarividente, obtendremos una respuesta meridiana: ¿Se vive mejor en la España actual o en la España de mediados de los 90?
Silencio.
Quien calla otorga, pues se dan a mi entender tres causantes fatídicos para la hemorragia del herido: en primer lugar, la capacidad de decisión del individuo se ha visto fuertemente menguada, existen cada vez menos espacios en los que podamos elegir entre diferentes opciones sin quebrantar esta u otra ley.
Segundo, la jurisprudencia está tomando unos caminos muy nocivos para la seguridad del ciudadano, la fragilidad de nuestro sistema penal nos sitúa en el punto de mira de bandas organizadas, estafadores, ladrones y ladronzuelos; puesto que la ley del menor está a dos aguas entre la ineficiencia y la ineficacia.
Y tercero, y bajo mi punto de vista, lo más preocupante y menos corregible, se han perdido una serie de valores básicos para la convivencia pacífica entre seres humanos; dígase, respeto por la persona, capacidad de escucha hacia otras formas de pensar, hospitalidad, solidaridad, y un largo etcétera, que difícilmente es recuperable en adolescentes que están concibiéndose como los hombres y mujeres de la futura España.
No quiero entrar en porqué se están produciendo estos acontecimientos, pero la mutación es un hecho de difícil retroceso.
No debemos de mirar hacia otros países que se encuentran peor que nosotros que los hay y en gran número, sino en los que aún mantienen una clase política amante de sus conciudadanos, ya que sin atender al color político, la demagogia de nuestros representantes está condenando como a un reo, a un país que siempre se caracterizó por la calidad de vida de sus miembros, con independencia de su capacidad económica.
Así que yo voy a seguir con mis clases anglosajonas, que en el extranjero el inglés es el que manda y contra más viejo, más sabio pero menos neuronas.
jueves, 30 de octubre de 2008
La sociedad del Terror
En una conferencia, el mediático Eduardo Punset afirmó que “La felicidad es la ausencia de Miedo” , en principio no le presté excesiva atención, puesto que me pareció un paradigma bastante banal. En general su charla fue de perfil bajo, con toda seguridad por la simple razón de que los aforismos tenían que ser de ese calibre, al tratarse de un público abigarrado.
Pero al aplicar este principio tan sencillo al “ciudadano cero” que titulaba Sabina a una de sus composiciones, una dimensión social comenzó a deambular por mi mente.
Hace unos días un vecino de mi comunidad, y hago alusión a que únicamente somos cuatro gatos, en su sentido más literal, decidió que era necesario sustituir el sistema de seguridad de nuestro edificio, a saber, cambiar las cerraduras de las puertas del portal y del garaje. Tampoco lo di gran categoría a la propuesta; la velocidad crucero del día a día hace que en innumerables ocasiones no dediques tu atención a situaciones sin trascendencia.
Pero en este caso, existe un trasfondo psicosocial digno de mencionar.
La motivación principal que llevó a este ciudadano cero a adoptar esa medida era su inseguridad a que robasen en el garaje o le asaltasen en el rellano. Bien pensado, ¡hombre precavido vale por dos!, pero hombre con miedo … ¿por cuántos vale?.
Saben ustedes cuantos robos, hurtos, sustracciones, violaciones malversaciones y todo lo malo acabado en ones hemos sufrido en nuestra comunidad durante los diez años que lleva en pie. Correcto, lo han adivinado: “Cero Patatero” como diría aquel.
Por tanto, una cuestión subyace después de esta perorata, ¿Por qué este cero de ciudadano tiene miedo? Que recordemos es la antitesis de la felicidad.
Vamos a tener que derivar nuestros pensamientos hacia lo que se escucha por el barrio (un eco), o quizás es lo que se escucha por los medios de comunicación y más concretamente a los medios que manejan sutilmente nuestro fuero interior y que refrendan sus objetivos con el poder de la imagen. Si, amigo, los medios televisivos alienan la mente del que no ve más allá de los mega píxeles de un televisor.
A lo largo y ancho de la, por el momento, nación española, es seguro que cada día va a darse un asesinato con violencia o sin ella, va ha existir un robo en la calle o en un domicilio con violencia o sin ella, va ha producirse una violación con o sin violencia.
Es triste, pero es la realidad. Pero, por favor, somos 50 millones de habitantes, tenemos una ínfima probabilidad de que nos ocurran estos desagradables sucesos.
De igual manera, cada día se producen nuevos descubrimientos científicos, nuevos avances en todo el abanico de ciencias y seguro que cada día encontraríamos entre todo la población, historias fantásticas de superación personal y de altruistas ayudas a la persona necesitada. Sin embargo, esto no interesa a la “opinión pública”.
Y pongo entre comillas a esta opinión pública, ya que este concepto que parece tan amplio y general, no engloba más que a cuatro macro empresas corporativas, que al fin y al cabo y bajo el señuelo de la televisión nos ahorran el esfuerzo de pensar.
La falta de comunicación entre las personas hace que hayamos entronizado al despótico interlocutor televisivo.
Y desgraciadamente la sociedad de la televisión es la sociedad del miedo.
Una sociedad que siente inseguridad, siempre será un pueblo más manejable, no desviará su atención y sus reflexiones hacia estadios superiores de pensamiento; porque el terror, inmoviliza y mina la capacidad de respuesta.
Termino este artículo con una frase célebre, que creo que puede recoger el espíritu de estas letras: “Lo más incomprensible del mundo es que es comprensible”.
Albert Einstein.
Pero al aplicar este principio tan sencillo al “ciudadano cero” que titulaba Sabina a una de sus composiciones, una dimensión social comenzó a deambular por mi mente.
Hace unos días un vecino de mi comunidad, y hago alusión a que únicamente somos cuatro gatos, en su sentido más literal, decidió que era necesario sustituir el sistema de seguridad de nuestro edificio, a saber, cambiar las cerraduras de las puertas del portal y del garaje. Tampoco lo di gran categoría a la propuesta; la velocidad crucero del día a día hace que en innumerables ocasiones no dediques tu atención a situaciones sin trascendencia.
Pero en este caso, existe un trasfondo psicosocial digno de mencionar.
La motivación principal que llevó a este ciudadano cero a adoptar esa medida era su inseguridad a que robasen en el garaje o le asaltasen en el rellano. Bien pensado, ¡hombre precavido vale por dos!, pero hombre con miedo … ¿por cuántos vale?.
Saben ustedes cuantos robos, hurtos, sustracciones, violaciones malversaciones y todo lo malo acabado en ones hemos sufrido en nuestra comunidad durante los diez años que lleva en pie. Correcto, lo han adivinado: “Cero Patatero” como diría aquel.
Por tanto, una cuestión subyace después de esta perorata, ¿Por qué este cero de ciudadano tiene miedo? Que recordemos es la antitesis de la felicidad.
Vamos a tener que derivar nuestros pensamientos hacia lo que se escucha por el barrio (un eco), o quizás es lo que se escucha por los medios de comunicación y más concretamente a los medios que manejan sutilmente nuestro fuero interior y que refrendan sus objetivos con el poder de la imagen. Si, amigo, los medios televisivos alienan la mente del que no ve más allá de los mega píxeles de un televisor.
A lo largo y ancho de la, por el momento, nación española, es seguro que cada día va a darse un asesinato con violencia o sin ella, va ha existir un robo en la calle o en un domicilio con violencia o sin ella, va ha producirse una violación con o sin violencia.
Es triste, pero es la realidad. Pero, por favor, somos 50 millones de habitantes, tenemos una ínfima probabilidad de que nos ocurran estos desagradables sucesos.
De igual manera, cada día se producen nuevos descubrimientos científicos, nuevos avances en todo el abanico de ciencias y seguro que cada día encontraríamos entre todo la población, historias fantásticas de superación personal y de altruistas ayudas a la persona necesitada. Sin embargo, esto no interesa a la “opinión pública”.
Y pongo entre comillas a esta opinión pública, ya que este concepto que parece tan amplio y general, no engloba más que a cuatro macro empresas corporativas, que al fin y al cabo y bajo el señuelo de la televisión nos ahorran el esfuerzo de pensar.
La falta de comunicación entre las personas hace que hayamos entronizado al despótico interlocutor televisivo.
Y desgraciadamente la sociedad de la televisión es la sociedad del miedo.
Una sociedad que siente inseguridad, siempre será un pueblo más manejable, no desviará su atención y sus reflexiones hacia estadios superiores de pensamiento; porque el terror, inmoviliza y mina la capacidad de respuesta.
Termino este artículo con una frase célebre, que creo que puede recoger el espíritu de estas letras: “Lo más incomprensible del mundo es que es comprensible”.
Albert Einstein.
sábado, 27 de septiembre de 2008
Enhorabuena has tenido un niño
Expresiones como
-Tener un hijo es lo más grande que te puede ocurrir en la vida.
-No hay palabras para describir los sentimientos que tienes al ser padre.
o
-Tener un hijo te cambia la vida por completo.
Por cierto, esta última expresión me produce cierta ambigüedad según la sonoridad con la que llega a mis oídos.
Resultan francamente embriagadoras.
Sin embargo, resulta curioso que cada vez se retrasa más la decisión de alumbrar retoños a este bendito mundo.
Posiblemente, si se puedieran tener críos a los 50 años, sin riesgo para la salud, se haria de esta manera, lo cual refleja un componente ciertamente egoista tras el telón, de esta coyuntura.
Analicemos la situación con detenimiento.
Partamos de la hipotética situación de una pareja de 30 a 40 años y de la premisa de que un niño tiene un coste económico, que mentalmente sobrevuela velada o abiertamente en la decisión de la pareja. Salvo casos puntuales.
-situación laboral de la pareja: generalmente puestos de trabajo inestables, contratos temporales y por consiguiente ingresos variables, al menos en uno de los cónyuges.
-situación social de la pareja: gran mayoría de ellos emancipados y en casi la misma proporción soportando sobre sus espaldas una cuantiosa hipoteca.
-vida social de la pareja: gran libertad actualmente, ejemplo: posibilidad de viajar, dentro del territorio nacional o fuera del mismo debido a los cuantiosos descensos de precios en los desplazamientos de avión y en los hospedajes ofertados en Internet, solos o en compañía de amigos. (como ejemplo de una posibilidad de las muchas opciones de ocio).
A que se debe, que una pareja no procree a una edad más propicia por fortaleza física e incluso psíquica: Prolongación de los estudios? Inseguridad en el/la compañera? Una Moda?
En una sociedad de consumo, hay elementos a los que no estamos dispuestos a prescindir, y en la sociedad actual un niño es gravoso para nuestros intereses personales, pero es aquí donde no desaparece ese instinto animal de amamantar, y donde el corazón sobrepasa los razonamientos puramente mentales. Donde las emociones se abren paso entre ese túnel de inconvenientes hacia la luz de la vida. Porque somos animales “racionales”, pero animales al fin y al cabo.
La maravillosa paradoja del ser humano.
-Tener un hijo es lo más grande que te puede ocurrir en la vida.
-No hay palabras para describir los sentimientos que tienes al ser padre.
o
-Tener un hijo te cambia la vida por completo.
Por cierto, esta última expresión me produce cierta ambigüedad según la sonoridad con la que llega a mis oídos.
Resultan francamente embriagadoras.
Sin embargo, resulta curioso que cada vez se retrasa más la decisión de alumbrar retoños a este bendito mundo.
Posiblemente, si se puedieran tener críos a los 50 años, sin riesgo para la salud, se haria de esta manera, lo cual refleja un componente ciertamente egoista tras el telón, de esta coyuntura.
Analicemos la situación con detenimiento.
Partamos de la hipotética situación de una pareja de 30 a 40 años y de la premisa de que un niño tiene un coste económico, que mentalmente sobrevuela velada o abiertamente en la decisión de la pareja. Salvo casos puntuales.
-situación laboral de la pareja: generalmente puestos de trabajo inestables, contratos temporales y por consiguiente ingresos variables, al menos en uno de los cónyuges.
-situación social de la pareja: gran mayoría de ellos emancipados y en casi la misma proporción soportando sobre sus espaldas una cuantiosa hipoteca.
-vida social de la pareja: gran libertad actualmente, ejemplo: posibilidad de viajar, dentro del territorio nacional o fuera del mismo debido a los cuantiosos descensos de precios en los desplazamientos de avión y en los hospedajes ofertados en Internet, solos o en compañía de amigos. (como ejemplo de una posibilidad de las muchas opciones de ocio).
A que se debe, que una pareja no procree a una edad más propicia por fortaleza física e incluso psíquica: Prolongación de los estudios? Inseguridad en el/la compañera? Una Moda?
En una sociedad de consumo, hay elementos a los que no estamos dispuestos a prescindir, y en la sociedad actual un niño es gravoso para nuestros intereses personales, pero es aquí donde no desaparece ese instinto animal de amamantar, y donde el corazón sobrepasa los razonamientos puramente mentales. Donde las emociones se abren paso entre ese túnel de inconvenientes hacia la luz de la vida. Porque somos animales “racionales”, pero animales al fin y al cabo.
La maravillosa paradoja del ser humano.
sábado, 7 de junio de 2008
MIRADA DE TORO BRAVO
Hace unos días, escuché en un telesuceso, perdón, telediario vespertino, que por las tierras levantinas existía un astado envuelto en un hado de grandeza, por su fiereza y peligrosidad; 5 heridos graves y un muerto llevaba sobre las espaldas este bonito lucero.
Evidentemente, era la pieza más codiciada en cualquier encierro valenciano y su caché crecía con forme aumentaba su currículum vital o su vida laboral, según queramos expresarlo.
Bueno, así es el ser que reina en la tierra; no me sorprendió la noticia.
Poseemos una capacidad de adaptación ilimitada, para acostumbrarnos y cohabitar con los más absolutos horrores televisivos, mientras alimentamos nuestros estómagos ajenos a las catástrofes naturales, genocidios africanos, inanición infantil y un largo etcétera de vulneraciones a los derechos más elementales del ser “humano”.
Pero no deseo desviarme de la cuestión que quería sacar a la palestra, cuando la mirada taciturna de esta res, evocó en mí la siguiente pregunta: ¿Está moralmente justificada la venganza?
Poniéndome en la piel del padre al cual un toro agasajado, ha arrebatado la vida de su hijo… No quiero influenciar al lector.
Pero, que pasaría en el caso de que el agresor perteneciese a la especie de los ilustrados.
Es evidente que la legalidad, el proceso de normas que nos lleva a una legislación, es inevitable, para la convivencia de cualquier grupo de personas. Ya sea un Estado, una comunidad económica europea, o el seno de una familia.
Pero la pregunta clave en este embrollo es la siguiente: si damos por supuesto que el individuo damnificado no tiene fe en las leyes divinas, ni en las humanas, sino en su propio criterio de justicia, ¿es la venganza un acto que ennoblece la dignidad de la persona?
Gandhi dijo supongo que en más de una ocasión: “ojo por ojo y el mundo se quedará ciego”
La ley del Talión dice: “ojo por ojo y diente por diente”
¿Tiene algo que ofrecernos la venganza.?
Evidentemente, era la pieza más codiciada en cualquier encierro valenciano y su caché crecía con forme aumentaba su currículum vital o su vida laboral, según queramos expresarlo.
Bueno, así es el ser que reina en la tierra; no me sorprendió la noticia.
Poseemos una capacidad de adaptación ilimitada, para acostumbrarnos y cohabitar con los más absolutos horrores televisivos, mientras alimentamos nuestros estómagos ajenos a las catástrofes naturales, genocidios africanos, inanición infantil y un largo etcétera de vulneraciones a los derechos más elementales del ser “humano”.
Pero no deseo desviarme de la cuestión que quería sacar a la palestra, cuando la mirada taciturna de esta res, evocó en mí la siguiente pregunta: ¿Está moralmente justificada la venganza?
Poniéndome en la piel del padre al cual un toro agasajado, ha arrebatado la vida de su hijo… No quiero influenciar al lector.
Pero, que pasaría en el caso de que el agresor perteneciese a la especie de los ilustrados.
Es evidente que la legalidad, el proceso de normas que nos lleva a una legislación, es inevitable, para la convivencia de cualquier grupo de personas. Ya sea un Estado, una comunidad económica europea, o el seno de una familia.
Pero la pregunta clave en este embrollo es la siguiente: si damos por supuesto que el individuo damnificado no tiene fe en las leyes divinas, ni en las humanas, sino en su propio criterio de justicia, ¿es la venganza un acto que ennoblece la dignidad de la persona?
Gandhi dijo supongo que en más de una ocasión: “ojo por ojo y el mundo se quedará ciego”
La ley del Talión dice: “ojo por ojo y diente por diente”
¿Tiene algo que ofrecernos la venganza.?
sábado, 17 de mayo de 2008
la sociedad de la enajenacion
Tengo, la suficiente capacidad de síntesis para comprender, que la sociedad actual se rige por los valores intrinsecamente vinculados al ser humano.
No estamos en una sociedad mejor, ni peor que la que existió hace uno, dos o diez siglos. La veneración al dinero, el embrujo del poder, la rueda que gira y no se detiene,son elementos recurrentes a lo largo de la historia de la humanidad.
En esta nueva metamorfosis, nos encontramos con una caracteristica destacada y sutil por parte de los creadores de este capitalismo asfixiante, y me refiero esencialmente a la falta de tiempo que tenemos para pensar en los objetivos que realmente deseamos en nuestras vidas.
Con largas jornadas laborales y una "acomodada" calidad de vida, las reflexiones silenciosas o el intercambio conceptual, se realizan con un gigantesco reloj sobre nuestras espaldas.
Y como escuché hace poco tiempo, cuando las musas llegan, uno ha de estar trabajando, y me refiero al trabajo interior ( no quisiera confundir al lector).
Nos encontramos robotizados, intentamos mejorar diariamente en nuestros trabajos (quizas esta afirmacion la voy a dejar entre bambalinas) pero debieramos preguntarnos, si el exito que buscamos es el que realmente queremos o para el que nos han programado.
Desde que entramos plenamente en el mundo laboral, nos resulta complejo abordar una serie de temas que nos ilusionaban en nuestra etapa de estudiantes, pero a los que nuestra edad en aquellos momentos nos impedia medir en importancia.
El desgaste psicológico del día a día, nos engulle en un pantano de dudas por resolver.
Creo firmamente que la huida hacia el campo, se vislumbra como una posible medicina para nuestro febril espiritu. Que el tiempo recobre de nuevo sus biorritmos, que el silencio sirva de medicina, que los alimentos sean naturales y entendemos que si la historia se repite como aludí al comienzo de este escrito, las ciudades no son precisamente el habitat natural del ser humano.
Os doy un primer consejo para comenzar nuestro recorrido, coger la televisión y deshaceros de ella, que no siga adoctrinandonos, ni un solo segundo más.
Espero que esta pequeña reflexión tenga una minuscula repercusion.
Buena vida y buena suerte.
No estamos en una sociedad mejor, ni peor que la que existió hace uno, dos o diez siglos. La veneración al dinero, el embrujo del poder, la rueda que gira y no se detiene,son elementos recurrentes a lo largo de la historia de la humanidad.
En esta nueva metamorfosis, nos encontramos con una caracteristica destacada y sutil por parte de los creadores de este capitalismo asfixiante, y me refiero esencialmente a la falta de tiempo que tenemos para pensar en los objetivos que realmente deseamos en nuestras vidas.
Con largas jornadas laborales y una "acomodada" calidad de vida, las reflexiones silenciosas o el intercambio conceptual, se realizan con un gigantesco reloj sobre nuestras espaldas.
Y como escuché hace poco tiempo, cuando las musas llegan, uno ha de estar trabajando, y me refiero al trabajo interior ( no quisiera confundir al lector).
Nos encontramos robotizados, intentamos mejorar diariamente en nuestros trabajos (quizas esta afirmacion la voy a dejar entre bambalinas) pero debieramos preguntarnos, si el exito que buscamos es el que realmente queremos o para el que nos han programado.
Desde que entramos plenamente en el mundo laboral, nos resulta complejo abordar una serie de temas que nos ilusionaban en nuestra etapa de estudiantes, pero a los que nuestra edad en aquellos momentos nos impedia medir en importancia.
El desgaste psicológico del día a día, nos engulle en un pantano de dudas por resolver.
Creo firmamente que la huida hacia el campo, se vislumbra como una posible medicina para nuestro febril espiritu. Que el tiempo recobre de nuevo sus biorritmos, que el silencio sirva de medicina, que los alimentos sean naturales y entendemos que si la historia se repite como aludí al comienzo de este escrito, las ciudades no son precisamente el habitat natural del ser humano.
Os doy un primer consejo para comenzar nuestro recorrido, coger la televisión y deshaceros de ella, que no siga adoctrinandonos, ni un solo segundo más.
Espero que esta pequeña reflexión tenga una minuscula repercusion.
Buena vida y buena suerte.
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