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viernes, 6 de febrero de 2009

Profundidad

Existe un miedo enraizado en lo incierto.
No saber que nos deparará el futuro más próximo o más lejano, nos conduce a un estado de excitación opresiva; puesto que conductualmente, la duda nos devora a dentelladas.

Odiamos la rutina y por el contrario nos salva de lo desconocido, introducimos variantes seguras que nos permitan camuflar el día a día tan feroz; pero nos alejamos como el viento, de las ideas que pueden llevarnos a correr un riesgo interior.
Sin embargo, no existe una alhaja más codiciada por los años del espíritu, que la satisfacción por encontrar nuevas fuentes de las que manar, aunque sea un oasis en el extremo opuesto del desierto.

Es paradójico que aún sabiendo los ingredientes para tener una vida más plena, nos cobijemos en la madriguera de la desidia más condenatoria.

En el instante que interpretamos que una decisión nos va a conllevar a realizar un magnánimo esfuerzo o bien que vamos a estar expuestos a una situación de estrés, a una situación que no controlamos y a fin de cuentas que nos resulta incómoda, rehusamos o retardamos o en el peor de los casos nos olvidamos de ello, incluso cuando el botín fuera de incalculable valor espiritual.

Con todo, no puedo dejar de obviar, que el miedo no es parturiento, ni pecado original y afrontar lo desconocido con actitud positiva, valerosa y de alumnado, puede ayudarnos, si la apuesta es acertada, a caminar funambulista sobre el fino alambre que separa la ínsula de los hombres sabios.

Remad remad malditos, exponeros al frío viento y al bravo océano de fuego.
Virad el timón y poned rumbo al episodio
de lo desconocido.

jueves, 30 de octubre de 2008

La sociedad del Terror

En una conferencia, el mediático Eduardo Punset afirmó que “La felicidad es la ausencia de Miedo” , en principio no le presté excesiva atención, puesto que me pareció un paradigma bastante banal. En general su charla fue de perfil bajo, con toda seguridad por la simple razón de que los aforismos tenían que ser de ese calibre, al tratarse de un público abigarrado.

Pero al aplicar este principio tan sencillo al “ciudadano cero” que titulaba Sabina a una de sus composiciones, una dimensión social comenzó a deambular por mi mente.

Hace unos días un vecino de mi comunidad, y hago alusión a que únicamente somos cuatro gatos, en su sentido más literal, decidió que era necesario sustituir el sistema de seguridad de nuestro edificio, a saber, cambiar las cerraduras de las puertas del portal y del garaje. Tampoco lo di gran categoría a la propuesta; la velocidad crucero del día a día hace que en innumerables ocasiones no dediques tu atención a situaciones sin trascendencia.

Pero en este caso, existe un trasfondo psicosocial digno de mencionar.

La motivación principal que llevó a este ciudadano cero a adoptar esa medida era su inseguridad a que robasen en el garaje o le asaltasen en el rellano. Bien pensado, ¡hombre precavido vale por dos!, pero hombre con miedo … ¿por cuántos vale?.

Saben ustedes cuantos robos, hurtos, sustracciones, violaciones malversaciones y todo lo malo acabado en ones hemos sufrido en nuestra comunidad durante los diez años que lleva en pie. Correcto, lo han adivinado: “Cero Patatero” como diría aquel.

Por tanto, una cuestión subyace después de esta perorata, ¿Por qué este cero de ciudadano tiene miedo? Que recordemos es la antitesis de la felicidad.

Vamos a tener que derivar nuestros pensamientos hacia lo que se escucha por el barrio (un eco), o quizás es lo que se escucha por los medios de comunicación y más concretamente a los medios que manejan sutilmente nuestro fuero interior y que refrendan sus objetivos con el poder de la imagen. Si, amigo, los medios televisivos alienan la mente del que no ve más allá de los mega píxeles de un televisor.

A lo largo y ancho de la, por el momento, nación española, es seguro que cada día va a darse un asesinato con violencia o sin ella, va ha existir un robo en la calle o en un domicilio con violencia o sin ella, va ha producirse una violación con o sin violencia.
Es triste, pero es la realidad. Pero, por favor, somos 50 millones de habitantes, tenemos una ínfima probabilidad de que nos ocurran estos desagradables sucesos.

De igual manera, cada día se producen nuevos descubrimientos científicos, nuevos avances en todo el abanico de ciencias y seguro que cada día encontraríamos entre todo la población, historias fantásticas de superación personal y de altruistas ayudas a la persona necesitada. Sin embargo, esto no interesa a la “opinión pública”.
Y pongo entre comillas a esta opinión pública, ya que este concepto que parece tan amplio y general, no engloba más que a cuatro macro empresas corporativas, que al fin y al cabo y bajo el señuelo de la televisión nos ahorran el esfuerzo de pensar.

La falta de comunicación entre las personas hace que hayamos entronizado al despótico interlocutor televisivo.

Y desgraciadamente la sociedad de la televisión es la sociedad del miedo.
Una sociedad que siente inseguridad, siempre será un pueblo más manejable, no desviará su atención y sus reflexiones hacia estadios superiores de pensamiento; porque el terror, inmoviliza y mina la capacidad de respuesta.

Termino este artículo con una frase célebre, que creo que puede recoger el espíritu de estas letras: “Lo más incomprensible del mundo es que es comprensible”.
Albert Einstein.